30 jun. 2012

Para principiar


Principios de cuentos


«El principio de todo principio —valga la ambigüedad semántica— es captar la atención de quien está leyendo, tarea nada fácil si tenemos en cuenta la cantidad de posibilidades de distracción a la que nos avoca la modernidad. En otros tiempos parecía más fácil que un comienzo tipo «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme» o el más típico asociado a los cuentos populares infantiles «Había una vez hace mucho, mucho tiempo» engancharan a un público que no tenía muchos más medios de ocio. Sin embargo hoy día, cuando aunque sea de oídas y no de “leídas” quien más, quien menos sabe de memoria estas fórmulas de inicio, se hace necesario buscar nuevas formas y el microrrelato (y el relato breve en general) utiliza todos los mecanismos, clásicos, modernos, literarios o extraliterarios que la cultura pone a su alcance»i.

Igual que tendemos a recordar grandes finales de películas o el tópico «colorín colorado este cuento se ha terminado», o «fueron felices y comieron perdices» (de ahí su posible extinción como especie o que no aparezcan en las pelis de Disney), hay una serie de principios también memorables.

Casi siempre recurrimos a los de las novelas universales de la literatura pero en el cuento, en el relato breve contemporáneo hay algunos comienzos que no se van de la cabeza. En ocasiones, como suele sucede con los clásicos, que todo el mundo conoce pero que casi nadie confiesa no haber leído, sólo recordamos eso: el título, el final, vagamente la historia y el comienzo.

Aquí van unos pocos pero representativos principios de cuentos extraídos del Taller de Cuento del Proyecto y del Taller de Cuentos DeSgenerad@s:


«No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión: —A vos todo te sale bien». Adolfo Bioy Casares. Margarita o el poder de la farmacopea.


«—¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad». Juan Rulfo. Diles que no me maten.


«¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno». Edgar Allan Poe. El corazón delator.


«Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqba»r. Jorge Luis Borges. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius


«Su luna de miel fue un largo escalofrío». Horacio Quiroga. El almohadón de plumas


«Un envanecido crítico literario aparece muerto en su despacho cerrado por dentro, sentado a la mesa y con un cuchillo en la espalda. Se había ocultado allí días». Ángel Olgoso. Crimen perfecto.

Con ese buen sabor de boca —un ligero regusto a sangre— que nos deja ese cuento de Olgoso que cualquiera que se dedique a escribir a añorado alguna vez, no resta más que decir Fin.

PD: Seguro que se les ocurren muchos otros comienzos memorables de cuentos. ¿Ayudan a nuestra memoria?



i Extracto del Módulo 5. “El principio”, de Taller de Cuentos Chaparros.

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